La IA también necesita lenguaje humano

Entre términos incomprensibles y consecuencias demasiado humanas.

Escribo seguido sobre el tema recurrente en casi todas las plataformas, IA. Lo hago porque me preocupa el impacto en las generaciones que vienen detrás de nosotros. Bueno, de los que ya estamos en la tercera edad.

Mis textos carecen de tecnicismo por la sencilla razón de que no los manejo con fluidez. Pero si entiendo o sospecho que el asunto es más serio de lo que parece, y me inquieta todo lo que se dice y que va a golpear en un futuro cercano a una gran cantidad de personas que hoy, talvez no lo vean con claridad, igual me pasa a mí.

Hay algo que noto con frecuencia. Las personas que si saben, o que manejan esos términos complicados que a veces nos hace doler la cabeza. Insisten en escribir sobre la IA, de un modo que termina uno preguntándose qué diablos es lo que allí se está diciendo, y si en verdad todos esos flujos y mapas teóricos los va a afectar un día.

Por momentos, uno se termina preguntado muchas veces si escriben entre ellos y para ellos mismos.

Y no lo digo como ataque. Es lo que ocurre en casi todos los campos especializados: terminan desarrollando un lenguaje interno que únicamente les sirve para conversar con otros que ya están dentro del círculo, pero que deja afuera al resto de las personas normales como yo.

El inconveniente es que el impacto social de la IA ya dejó de ser un tema “de laboratorio”. Ya no es una discusión que solo importa entre ingenieros, matemáticos o programadores. Está entrando en el trabajo, la educación, la escritura, la música, la imagen, la atención humana, las relaciones y hasta la manera en que la gente piensa y consume información en todas las redes, incluso en medios informativos.

Y ojo, yo leo constantemente a personas que manejan esos términos complejos y muchas veces me nutro de lo que explican. Les tengo respeto, porque detrás de muchos de esos análisis hay años de estudio y trabajo serio. El problema no es el conocimiento técnico. El problema aparece cuando el lenguaje se vuelve tan cerrado sobre sí mismo, que el resto de las personas como tú o yo, empezamos a sentir que todo esto ocurre en otro planeta… hasta que un día las consecuencias nos tocan la puerta.

Entonces, aquí surge una contradicción extraña y peligrosa: porque los efectos van a ser profundamente humanos… pero muchas veces el discurso parece escrito para las máquinas.

Y allí es donde mucha gente como tú o yo, quedamos en una especie de frontera rara. Porque entendemos que algo importante está pasando, vemos que hay consecuencias reales detrás de todo eso, pero al mismo tiempo, nos encontramos con textos llenos de términos, diagramas, arquitecturas, cadenas de razonamiento y explicaciones tan cerradas sobre sí mismas, que uno termina preguntándose:

“Está bien… ¿pero cómo me afecta esto a mí, a mis hijos, a la gente común?”

Y esa pregunta es válida.

Porque al final, lo verdaderamente importante no es solamente cómo funciona un modelo, sino qué produce alrededor. Y tal vez ahí está el punto: si los efectos serán para los humanos, alguien tiene que contarlos en lenguaje humano.

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