Los data centers están transformando la red eléctrica de Estados Unidos. Entre la demanda real y la proyectada aparece una pregunta que termina llegando al bolsillo de los hogares.

En la industria de la IA hay un dilema que, por sus connotaciones políticas y sociales, representa una parte importante del cuerpo estructural que hoy definimos como la industria. Ante el costo de mantener funcionando los data centers, los gobiernos locales y estatales enfrentan una disyuntiva que va más allá de las manifestaciones en contra de la construcción de estos centros y se inmiscuye, casi de forma directa, en los bolsillos de los hogares estadounidenses.
No son pocas las manifestaciones en contra que se han producido en varios de los estados donde se han construido o proyectado. Los reclamos van desde el consumo de agua que pueden requerir determinados sistemas de refrigeración hasta la cantidad de energía eléctrica que proyectan consumir, el ruido, el uso del territorio y sus posibles impactos ambientales.
El consumo de agua es cuantificable y, en determinadas instalaciones, puede ser considerable. Pero no todos los data centers consumen la misma cantidad ni utilizan los mismos sistemas de refrigeración. Hay, sin embargo, otro elemento del que quizás se habla menos y que puede resultar todavía más importante para los hogares: la electricidad.
Cuando se habla de los data centers, la discusión deriva muchas veces hacia la refrigeración y, desde allí, hacia un elemento aparentemente vital: el agua.
Pero hay otro elemento energético que equipara su importancia dentro de la estructura y que introduce una pregunta diferente. Porque el problema de la electricidad no consiste únicamente en cuánto consumirán estos centros, sino también en cuánto tendrá que construirse para poder suministrársela y quién asumirá esos costos.
¿Qué sucede antes de que un data center consuma un solo kilovatio-hora de electricidad?
Antes de comenzar a operar, la empresa tiene que estimar algo aparentemente sencillo:
¿Cuánta electricidad necesitará este data center cuando esté funcionando?
Pero esa cifra tiene consecuencias antes de que el edificio consuma electricidad. Si la infraestructura disponible en esa zona no puede proporcionar la cantidad solicitada, hay que determinar qué tendrá que ampliarse o construirse para poder hacerlo.
Ahí aparecen subestaciones, líneas de transmisión y, eventualmente, nueva capacidad de generación.
En apariencia, todo esto, además de normal, parece lo más viable. Una infraestructura necesita determinada cantidad de energía y, si la capacidad existente no resulta suficiente, habrá que ampliarla para suplir ese requerimiento.
La siguiente pregunta es:
¿Quién asumirá esos costos?
Para tratar de responderla, debemos acercarnos a uno de los lugares donde este fenómeno ha alcanzado su mayor dimensión.
Veamos entonces qué está ocurriendo en el estado con la mayor concentración de data centers del país.
Virginia.
Virginia concentra la mayor cantidad de data centers de Estados Unidos y representa quizás el mejor lugar para tratar de entender hasta dónde puede llegar el problema.
Pero antes de responder quién pagará la infraestructura eléctrica necesaria para mantener este crecimiento, hay que aclarar algo importante: hasta ahora, el problema no parece estar en que los data centers instalados en Virginia simplemente estén dejando su factura en manos de los demás.
La Comisión Conjunta de Auditoría y Revisión Legislativa de Virginia, conocida como JLARC, estudió precisamente el impacto de estas instalaciones y concluyó que, bajo las tarifas existentes al momento de realizar su estudio, los data centers estaban pagando adecuadamente el costo del servicio eléctrico que recibían.
El problema aparece mirando hacia adelante.
Las proyecciones indican que la demanda eléctrica puede crecer de manera extraordinaria durante los próximos años.
En 2025, el pico real de demanda eléctrica durante el verano en la zona de Dominion alcanzó los 23.905 megavatios, un 23 por ciento más que en 2019, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).
PJM, la organización encargada de coordinar la red eléctrica regional de la que Virginia forma parte, espera que ese pico continúe creciendo a un promedio de 5,4 por ciento anual durante los próximos diez años.
Pero hay un detalle particularmente importante para lo que estamos tratando de entender.
Esa previsión ya fue revisada. Un año antes, PJM proyectaba un crecimiento promedio de 6,3 por ciento anual.
Es decir, incluso cuando el crecimiento del consumo eléctrico es real, las estimaciones sobre cuánto crecerá en el futuro pueden cambiar.
PJM continúa proyectando, sin embargo, un importante crecimiento de grandes consumidores eléctricos en Virginia. Los data centers constituyen una parte fundamental de ese crecimiento.
Y prepararse para semejante demanda cuesta dinero.
No se trata únicamente de producir más electricidad. También puede ser necesario ampliar líneas de transmisión, construir subestaciones y realizar otras inversiones para llevar esa electricidad hasta donde será consumida.
Es aquí donde comienza a aparecer la respuesta a nuestra pregunta:
¿Quién asumirá esos costos?

JLARC encargó un análisis para calcular qué podría significar este crecimiento para los consumidores de Virginia.
Tomando como referencia un hogar típico de Dominion que consume 1.000 kilovatios-hora mensuales, el estudio estimó que hacia 2040 los costos adicionales asociados a generación y transmisión podrían representar alrededor de 14 dólares mensuales bajo un escenario en el que se materializara aproximadamente la mitad de la demanda sin restricciones contemplada en el estudio.
En los escenarios de demanda completa analizados, el aumento proyectado se encontraba entre aproximadamente 33 y 37 dólares mensuales.
Es importante detenernos aquí.
No significa que actualmente una familia de Virginia esté pagando 37 dólares adicionales cada mes por los data centers.
Son proyecciones hacia 2040 y dependen de cuánto crecimiento termine realmente produciéndose, de qué infraestructura tenga que construirse y de cómo se distribuya su costo.
Pero la proyección nos permite comprender la dimensión del problema.
Catorce dólares mensuales son 168 dólares al año.
Treinta y siete dólares mensuales son 444 dólares al año.
Para una familia que no construyó un data center, no solicitó esa nueva capacidad eléctrica y posiblemente desconoce incluso cómo funciona el sistema mediante el cual se decidió construirla.
El problema se hace todavía más complejo.
Según JLARC, satisfacer incluso alrededor de la mitad del escenario de demanda sin restricciones considerado en su estudio requeriría aumentar la capacidad de generación entre 80 y 90 por ciento y la capacidad de transmisión aproximadamente 36 por ciento para 2040.
Es decir, ya no hablamos solamente de conectar nuevos edificios a la red existente.
Hablamos de transformar una parte importante de esa red para prepararla para una demanda futura.
Y aparece entonces otra pregunta.
¿Qué sucede si esa demanda futura no llega?
Porque una proyección no es una garantía de consumo.
Un proyecto puede anunciarse y posteriormente retrasarse. Puede reducir su tamaño. Las necesidades calculadas inicialmente pueden cambiar. Incluso un proyecto puede no llegar a materializarse de la manera originalmente prevista.
Sin embargo, parte de la infraestructura necesaria para recibirlo puede haber comenzado a planificarse mucho antes.
Y este no es solamente un escenario imaginado por quienes se oponen a los data centers.
El propio estudio de JLARC advirtió sobre el riesgo de realizar inversiones en generación y transmisión para atender una demanda proyectada que posteriormente no se materialice. En esas circunstancias pueden quedar costos de infraestructura que tendrán que ser recuperados de algún lugar.
Es justamente en este punto donde aparece otro elemento importante de esta historia.
Las proyecciones.
SemiAnalysis, una firma especializada en la industria de semiconductores, inteligencia artificial e infraestructura tecnológica, lleva tiempo analizando las previsiones estadounidenses de demanda eléctrica asociadas a los data centers.
Su argumento no es que los data centers no estén aumentando el consumo eléctrico.
Lo están haciendo.
La pregunta que plantea es diferente:
¿Cuánta de toda la demanda futura que aparece actualmente sobre el papel terminará convirtiéndose realmente en consumo eléctrico?
SemiAnalysis ha señalado que algunas previsiones incorporan proyectos que todavía se encuentran en diferentes etapas de desarrollo y que una solicitud de capacidad eléctrica no equivale necesariamente a un data center construido y funcionando a plena capacidad.
El problema adquiere entonces otra dimensión.
Si una empresa comunica que necesitará una enorme cantidad de electricidad, el sistema tiene que comenzar a prepararse para poder proporcionársela.
Pero si aquella necesidad fue sobreestimada, el proyecto se retrasa o parte de esa demanda finalmente no aparece, alguien tendrá que asumir el riesgo de las inversiones realizadas para esperarla.
En agosto de 2026, SemiAnalysis llevó sus cuestionamientos directamente hacia el modelo utilizado por PJM para determinar cuánta capacidad eléctrica necesita asegurar.
Según sus propios cálculos, PJM estaría subestimando parte de la capacidad eléctrica que ya tiene disponible y, como consecuencia, habría incurrido en aproximadamente 12.000 millones de dólares en costos que pudieron evitarse durante las subastas correspondientes a 2025-26 y 2026-27.
La cifra debe colocarse en su contexto correcto.
Es una estimación de SemiAnalysis basada en su propia reconstrucción del modelo de PJM. No es una conclusión del gobierno estadounidense ni una admisión de PJM.
Pero SemiAnalysis plantea además otro riesgo que conecta directamente con nuestro problema: contratar nueva capacidad basándose en la expectativa de que grandes consumidores futuros llegarán posteriormente.
Si esa demanda no termina materializándose como fue proyectada, los contratos y la infraestructura no desaparecen.
Alguien tendrá que pagarlos.
Pero el problema que señala resulta especialmente relevante cuando observamos lo que ha comenzado a hacer el propio estado de Virginia.
En noviembre de 2025, la State Corporation Commission de Virginia aprobó una nueva categoría tarifaria para los mayores consumidores eléctricos de Dominion, entre ellos grandes data centers.
La nueva estructura, conocida como GS-5, comenzará a aplicarse a nuevos grandes consumidores en enero de 2027.
Entre sus condiciones existe una particularmente reveladora.
Los nuevos grandes consumidores incluidos en esta categoría tendrán que asumir compromisos de servicio eléctrico de al menos 14 años.
Además, determinadas grandes cargas deberán pagar como mínimo el 85 por ciento de ciertos costos contratados de transmisión y distribución, incluso cuando terminen utilizando menos electricidad de la que habían contratado.
En determinados casos, también podrán exigirse garantías financieras adicionales.
¿Por qué exigirle a una empresa que pague una parte considerable de la electricidad y de la infraestructura que solicitó aunque finalmente no la utilice?
La respuesta se encuentra precisamente en el riesgo que hemos venido siguiendo.
Si la compañía eléctrica realiza inversiones para atender las necesidades de un gran consumidor y posteriormente ese consumidor utiliza mucho menos de lo esperado, reduce sus operaciones o abandona el proyecto, la infraestructura construida no desaparece.
Tampoco desaparece su costo de construcción.
La propia State Corporation Commission explica que una de las razones de esta nueva estructura es reducir el riesgo de que los costos provocados por grandes consumidores terminen trasladándose hacia otras clases de clientes.
Dominion Energy había planteado durante el proceso regulatorio el mismo problema: determinadas inversiones realizadas principalmente para atender grandes cargas podían convertirse en costos que terminaran siendo recuperados de otros consumidores si aquellas cargas no cumplían sus compromisos.
Virginia parece haber decidido colocar una parte mayor de ese riesgo sobre quien provoca la necesidad de construir.
En términos mucho más sencillos:
Si me dices que necesitarás determinada infraestructura y tengo que construirla para ti, necesito garantías de que ayudarás a pagarla aunque finalmente utilices menos de lo que proyectaste.
Y esto cambia la forma de observar el problema.
La discusión sobre los data centers ya no puede reducirse únicamente a cuánta agua utilizan o cuánta electricidad consumen.
Existe una cuestión anterior:
¿Cuánto debemos construir hoy basándonos en lo que dicen que necesitarán mañana?
Y una posterior:
¿Quién paga si mañana resulta diferente de lo que proyectamos?
Virginia no ha eliminado el problema.
Pero sí permite verlo.
Porque allí coinciden tres realidades que no necesariamente se contradicen. El consumo eléctrico de los data centers es real y está creciendo. La demanda futura también puede crecer enormemente. Pero una proyección de demanda no equivale a consumo garantizado.
Prepararse para satisfacerla puede requerir inversiones extraordinarias que tienen consecuencias para el sistema eléctrico y, potencialmente, para las facturas de los hogares.
Pero las proyecciones utilizadas para decidir cuánto debemos construir de ningún modo son garantías de que toda esa demanda terminará materializándose.
Esa última incertidumbre convierte una discusión tecnológica en una decisión política y social.
Porque alguien tiene que decidir cuánto construir. Y, cuando se construye, alguien tiene que financiarlo.
Y alguien tendrá que asumir el costo si las previsiones se equivocan.
Virginia nos muestra el dilema.
Fuentes consultadas
- Joint Legislative Audit and Review Commission (JLARC) — Data Centers in Virginia.
Informe oficial del estado de Virginia sobre crecimiento de los data centers, demanda eléctrica, costos para consumidores, necesidades de generación y transmisión y riesgo asociado a infraestructura construida para demanda futura.
JLARC — Data Centers in Virginia - JLARC — Data Centers in Virginia, informe completo.
Fuente de las proyecciones utilizadas en el artículo para un hogar de Dominion de 1.000 kWh mensuales: aproximadamente $14 a $37 adicionales al mes hacia 2040, dependiendo del escenario. También respalda las estimaciones sobre necesidades adicionales de generación y transmisión.
JLARC — Informe completo - U.S. Energy Information Administration (EIA) — Commercial electricity sales have soared in Virginia, driven by data centers, mayo de 2026.
Fuente para el pico real de demanda de Dominion de 23.905 MW en 2025, el aumento del 23% respecto de 2019 y la revisión de la previsión de crecimiento de PJM del 6,3% al 5,4% anual.
U.S. Energy Information Administration — Virginia y data centers - Virginia State Corporation Commission (SCC) — Data Center Initiatives: Facts and Figures, febrero de 2026.
Fuente oficial para la nueva estructura tarifaria GS-5: compromiso mínimo de 14 años, pago mínimo del 85% de determinados costos contratados de transmisión y distribución y garantías financieras aplicables a determinados grandes consumidores. También explica la intención de reducir el traslado de costos hacia otros clientes.
Virginia SCC — Data Center Initiatives - Dominion Energy / Virginia State Corporation Commission — expediente PUR-2025-00058.
Documentación regulatoria utilizada para respaldar el riesgo de stranded costs —costos de infraestructura que pueden quedar sin recuperar del gran consumidor para quien se realizaron las inversiones— y las medidas propuestas para reducir su traslado hacia otros clientes.
Virginia SCC — expediente regulatorio de Dominion Energy - SemiAnalysis — $12B of US Ratepayers’ Money Wasted on a Modeling Mistake and PJM Wants to Do It Again, agosto de 2026.
Análisis independiente utilizado para presentar los cuestionamientos al modelo de capacidad de PJM y su estimación de aproximadamente $12.000 millones en costos evitables. Como se aclara en el artículo, esta cifra corresponde al modelo desarrollado por SemiAnalysis y no constituye una conclusión de PJM ni del gobierno estadounidense.
SemiAnalysis — análisis sobre PJM

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